jueves, 15 de julio de 2010

Un Sábado Más

Despertó solitario en una fría y gris mañana de sabado. Amaneció en esa soledad que pocas veces se puede contemplar, donde sólo se escucha el silbido estremecedor del viento. Se levantó suavemente de la cama con marcas de una intranquila noche de insomnio, se puso de pie finalmente y camino hacia el baño. Se lavó la cara y mirose al espejo, encontrando en él un rostro de confianza, también de incertidumbre, pero de todos modos tenía el sólido presagio de que ese día era un gran día.
Así se vistió, tomó su bolso de mano y salió intrépido a la calle. Aunque por algún motivo, su inconsciente le decía a gritos que algo no andaba bien, que ese sábado difería de los demás.
Decidió hacer oídos sordos a su ligero presentimiento y seguir camino al frente donde ya no había retorno; estaba jugado a un destino desconocido, de vacilación.
Sube al colectivo, coloca las monedas en la máquina expendedora, pero resulta que ésta no funcina. Se baja fastidioso y se va caminando, ya que no vive lejos del sitio al que se dirige y goza de tiempo suficiente para llegar puntualmente.
En el transcurso del camino ve que la barrera de tren se encuentra baja e inexplicablemente pasan una serie de trenes en contínuo que demoran más aún su llegada.
Finalmente y tras varios inconvenientes que se le presentaron en el camino, llega a destino agotado, molesto y tedioso. Repentinamente se topa con la entrada del predio de Freire 761 y en un principio siente un sutil momento de felicidad por haber llegado despues de tan largo viaje; sin embargo, paralelamente toma conciencia de lo que realmente pasaba, de lo extraño que era llegar y no ver caras conocidas, no escuchar ese grito de aliento que se esboza desde el vestuario antes de salir a la cancha, no escuchar la breve cancion del silbato, esa que hace que la pelota ruede en la mitad de la cancha, no sentir el consuelo de sus compañeros por fallar el último penal.
En ese momento toco cayó a tierra nuevamente y se percató de que ya no había un consuelo, un grio de aliento, un silbato. Todo eso formaba parte de su pasado inminente, pero que no quería reconocer.
Ya no iba a volver.
No hasta el próximo torneo...



Lucas Soule

1 comentario:

Anónimo dijo...

que escritor !! por dios